Desde un pueblecito tanzano

Lorenzo vive en Murugaragara, en Tanzania, desde 1983. Nos habla de lo que ha vivido desde el comienzo y así nos cuenta la evolución de la gente concreta con la que comparte su vida.

-de Lorenzo

Miércoles de ceniza

Hervé me ha pedido que escriba un diario y por la estima que le tengo voy a intentarlo. Me pregunto desde cuando seguir la narración porque mi único y último diario es del lejano 1991… En aquel momento ‘el empuje’ para escribir me vino de un diario que hablaba de los Ángeles de los pueblos: entonces intenté yo mismo descubrir el Ángel de Bashubi (nuestra etnia).
La Fraternidad nació a finales de los 70 respondiendo a la demanda del recordado obispo Christopher Mwoleka (+). Yo llegué aquí en el año 83 proveniente de Friburgo (estudios) pero antes viví tres años (1977-1980) con Léodomir (+) en Ruanda, lo que me marcó en muchos aspectos. El verdadero “noviciado” en Murugaragara fue el breve pero intenso período vivido con Bruno del que no olvidaré nunca la fuerza de su opción aunque luego hice ciertas adaptaciones a las que me sentí llamado. Durante un montón de años mi compañera inseparable fue la azada: instrumento de sudor pero también de posible redención.
Rezábamos con regularidad en la fraternidad (gracias a Marcel) y manteníamos una amistad incondicional hacia la gente: Marcel tenía una “escandalosa” predilección hacia los que se mantenían más alejados.
A finales de los años 90 llegaron los primeros pentecostales: su agresividad hacia los católicos me impactó mucho así como su parasitismo: en lugar de intentar convertir a los paganos muy numerosos, se lanzaban a convertir a nuestros fieles con distintas estratagemas. Entendí que la situación era de extrema gravedad y sentí que no podíamos quedarnos con los brazos cruzados: entonces decidí con el apoyo de un sacerdote mayor, construir una peque- ña iglesia en el centro del pueblo para no tener que continuar yendo a la parroquia a 6 km de aquí. Esto fue el comienzo de un nuevo camino: suscitar el establecimiento de una pequeña comunidad católica que se reunía en el pueblo alrededor de la oración pero también en los trabajos comunitarios de los campos cercanos a la pequeña iglesia (fue en el 2001, ¡hace 15 años!, no me toca a mí evaluar dónde estamos hoy…) Esto no quiere decir que hayamos abandonado las relaciones con los musulmanes (en particular chiitas o más exactamente ibaditas) y naturalmente, tampoco con los numerosos paganos.
En los últimos años hubo también tres compromisos con toda la gente del pueblo: la construcción de una escuela primaria para niños y niñas, la de una “casa comunitaria” de la que pudieran sentirse orgullosos los campesinos y luego un mercado que está todavía en sus primeros pasos. ¿Qué más?…
Como por casualidad, hacia el año 2008 empezó el proyecto ‘jatrofa’: un pequeño árbol de semillas del cual se extrae aceite para múltiples usos (el más importante: biodiesel). Aquí con un grupo de mujeres hemos empezado a producir jabones medicinales para la piel a partir de este aceite. Pienso que será la única cosa material que continuará después de mí.
En el pueblo nos ha sido imposible encontrar postulantes; hasta hace poco nadie iba a la escuela secundaria. He aquí que ahora, después de haber animado varios proyectos con los “católicos” o los campesinos a secas, ha llegado para mí el tiempo de desaparecer poco a poco. En resumen, todo lo que os he contado es paja: lo que la Gracia ha sembrado hace parte de lo imponderable (como David comprendió muy bien: calcular, determinar, es un pecado grave), únicamente con Ella contamos para el futuro. ¡Ciao!
PD. Releyendo las memorias de algunos hermanos que nos han precedido uno se siente realmente miserable. De todos modos esto es lo que siento. No sé qué piensan los jóvenes de todo esto…

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