Un viaje memorable en Francia

Este “viaje memorable en Francia” del que habla aquí nuestro hermano Bernard le permitió encontrar a viejos amigos y evocar recuerdos antiguos. Esto le invitó también a hacer una ‘relectura’ de su vida que él sentía como necesaria.De origen francés, Bernard pasó una gran parte de su vida en Fraternidades de América del Norte: Primero en los Estados Unidos (Detroit) y a continuación en Canadá, primero en Sudbury –la capital mundial del níquel- y desde 1975 en Toronto en donde vive aún hoy en día.

Fue un viaje lleno de agradables sorpresas y de encuentros, pero lo más importante fue mi retiro en la Flattière, una casa de ejercicios en los Alpes situada frente al Mont Blanc. Casi tres semanas en Francia, en París y en Touraine, habiendo pasado antes más de dos semanas en Alta Savoya. Viví allí cinco años durante mi formación y mantuve el contacto con varios amigos. El deseo de hacer un retiro en la Flattière se remonta a ‘in illo tempore’, no había estado nunca y este viaje a Francia me dio la posibilidad de hacerlo realidad. Estoy muy agradecido a todos aquellos amigos, familia y hermanos que hicieron posible los desplazamientos.
Me gusta siempre visitar a dos hermanos: Gilles y Pierre que viven cerca de Bourges; Pierre me inició en la marcha nórdica (andar con dos bastones) y esa modalidad fue estupenda para nuestras espaldas. De hecho ahora la sigo practicándola en Toronto. Hice una parada en Rumilly en casa de Gaby que vivió con nosotros en Canadá. Tuvimos un buen encuentro, charlamos y me hicieron partícipe de una cuestión que habían intentado responder durante una reunión de su región en la que la mayoría de hermanos eran mayores: “El don de vuestra vocación recibido hace mucho tiempo, ¿dónde se encuentra ahora?”
Después en Annemasse que está cerca de Ginebra visité a un viejo amigo, Pierre Dumas. Trabajó de mecánico en un taller, casado pero sin hijos; su mujer Madeleine falleció seis meses después de jubilarse, de esto hace 32 años. Fue un golpe muy duro pero con la satisfacción de haberla podido acompañar hasta el final. Pierre es un apuesto anciano de 94 años todavía lleno de vitalidad, de presencia y de humor. Otro amigo que no vive muy lejos y que me hospedaba en su casa, vino a buscarme; Pierre nos ofreció una copa y me dijo estas palabras llenas de sabiduría antes de que nos fuéramos: “Mi madre me hizo pero mi ‘Madeleine’ me modeló”.
Esto fue lo que hice antes de mi tiempo de retiro. A mi edad, con 78 años bien cumplidos, deseaba también poder asumir mejor un pasado difícil anterior a mi entrada en comunidad con 17 años, hace ya 61 años.
En la Flattière, estábamos un centenar pero en dos grupos (60 laicos y 40 seminaristas) teniendo cada uno su propio horario. Debíamos permanecer en silencio, pero había tres meditaciones que nos daba un anciano lleno de sabiduria (sacerdote de la zona) sobre textos de S. Pablo, la misa, las oraciones de la maña- na y de la noche y las largas comidas con música. Con el permiso de los responsables, me permití no asistir a todas las meditaciones para tener más tiempo de silencio. Tenía una pequeña habitación bien equipada y por la ventana veía la cordillera del Mont Blanc, cuando el tiempo lo permitía. ¡Qué esplendor! Dos frases quedaron como impresas en mi corazón y mi oración durante este retiro y que permanecieron también después. Fue una ocasión para una relectura en profundidad de mi trayectoria.
Este don de nuestra vocación recibida hace mucho tiempo, ¿dónde se encuentra ahora? y “mi madre me hizo pero “Madeleine” me modeló”. Rumiándolo durante mi retiro en la Flattière, me di cuenta de lo mucho que he sido modelado por mi relación con Jesús, tal como la fraternidad me lo ha hecho descubrir y nutrir, situándome en un camino de vida… el camino de Su Vida.
Doy gracias por todo lo que soy ya que el final no está escrito sobre la nada. No ha habido un recomenzar absoluto. También me doy cuenta de lo que mi madre me dio, incluso sin darse cuenta. Le di preocupaciones de todas clases: por mi salud, por mi educación… Yo era disléxico y no aprendía mis lecciones, ni escribía correctamente, tenía muchas faltas de ortografía y todo esto a pesar de los esfuerzos constantes de mi madre. Encontré un poco de paz en las amistades y esto me hizo desear el desarrollo posterior de relaciones fuertes y fieles. Mamá fue generosa, estaba siempre atenta a las muchas miserias de su alrededor y aprendí mucho de ella. Mis padres nos dejaron libres para seguir nuestros diferentes caminos en la vida, a pesar de que mi vocación y mi entrada en la Fraternidad fue muy incomprensible tanto para ellos como para mi familia. También tartamudeaba mucho y no conseguía controlarme. Fue el comienzo de mi pobreza interior, donde Dios me hizo descubrir su Amor incondicional en mi relación con Jesús, alimentada en la Fraternidad. Si a menudo he estado lejos de Él y he atravesado situaciones muy duras (preguntándome cómo aguantar), Él siempre ha estado allí, tanto en el silencio de la oración como en mis hermanos y amigos, a menudo maravillosos, que he ido encontrando en mi camino. Así pues, sólo puedo dar gracias por este don recibido y que sigue todavía muy vivo en mi pobre corazón.
También mi “madeleine” (para mí Jesús en la Fraternidad) continuará modelándome en la medida en que desprendido de mi mismo, abierto y aceptando mi pobreza y mi impotencia, permanezca atento a Su presencia en la cotidianidad de mi Nazaret aquí en Toronto, para llegar a ser cada vez más hermano.

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