Los primeros pasos de Filip en la Fraternidad

Filip es el último en llegar al grupo de hermanos de Po- lonia. Desde el final de su noviciado vive en la fraternidad de Varsovia. Nos cuenta su proceso de búsqueda en la vida religiosa y lo que ha encontrado en la Fraternidad en contacto con los hermanos y con la gente con quien ha compartido sus primeras etapas en la vida religiosa.

-de Filip

Queridos hermanos:
Me llamo Filip y hace cinco años que estoy en la Fraternidad de los Hermanos de Jesús. Mis primeros votos los hice en el mes de febrero de 2015 y he pensado que ha llegado el momento de presentarme a todos los hermanos.
Vengo de una familia poco religiosa, pero pienso que mis padres son realmente buenos. Tengo un hermano que se llama Daniel, es tres años mayor que yo y vive con su mujer y sus dos hijos en Londres.
Después de mi conversión (junio de 2001), comprendí que quería vivir sólo para Dios, pero terminé mis estudios (Tecnología de la alimentación) y empecé a trabajar en una escuela de formación para adolescentes con discapacidad mental, enseñando cocina y pastelería. Al mismo tiempo reflexionaba sobre mis deseos y estaba seguro de que quería comprometerme en la vida religiosa. Deseaba vivir sólo para Dios.
Pensaba hacerme monje Benedictino, pero ese no era mi lugar. Después de algún tiempo durante el cual des- cubrí y profundicé mi intuición: deseaba ser monje pero viviendo entre la gente sencilla. Compartí mi búsqueda con algunos amigos y uno de ellos me convenció para que contactara con la Fraternidad. Era el capellán de mis años universitarios.
Me puse en contacto con los hermanos. Fui a su comunidad de Varsovia para conocer el barrio donde vivían, era exactamente el tipo de vida que yo buscaba. Deseaba vivir una vida religiosa de esta manera.
Entré en la Fraternidad el mes de agosto de 2010 (en la comunidad de Izabelin). Durante el tiempo de postulante trabajé como reponedor en un supermercado cercano. Wojtek me acompaño durante estos dos años. Después me fui de Polonia para hacer el noviciado en Tanzania, pero antes pasé tres meses en Nairobi (Kenia) en una escuela de idiomas para aprender el Swahili.
Mi noviciado lo empecé en una fraternidad de los Her- manos del Evangelio: Joji era el maestro de novicios y Gil mi con-novicio. Vivía en Mlangareni, pueblecito de Tanzania a 10 km de Arusha. Trabajábamos en nuestros campos cultivando maíz, alubias y frijoles; también había muchas bananas, mangos y papayas. Asimismo teníamos mucho tiempo para leer y rezar. Con otros novicios de Arusha, tuvimos cursos de inter-noviciado. Se trataban temas muy interesantes: espiritualidad en el Islam, la Biblia (los profetas), sexualidad, psicología (eneagrama), el SIDA, justicia social. Fue una alegría seguir estos cursos con las hermanitas de Jesús del noviciado de Arusha.
Pude relacionarme con la gente del pueblo y lo que me ayudó a integrarme fue cantar en la coral. Además fue una buena ocasión para practicar el Swahili. Me dio mucha alegría compartir con ellos las fiestas cristianas del pueblo con ocasión de las Navidades, Pascua, bodas y funerales.
Cada día que pasaba en África iba aprendiendo a estar abierto y a respetar nuestras diferencias. Al final de este tiempo canónico, Gil y yo pasamos unos días con su familia en Ruanda y visitamos a Lorenzo y Edouard en Murugaragara (Tanzania).
Mi segundo año de noviciado lo hice en Polonia, en Izabelin, acompañado por Wojtek e incluso volví a trabajar en el mismo supermercado.
Mis primeros votos los hice el día 1 de febrero de 2015, teniendo como intención la paz en el mundo.
Desde marzo de 2015 vivo en nuestra segunda comunidad de Polonia, en Varsovia, con Wojtek y Mirek (quien me acompaña). Continué trabajando como reponedor, pero cambié de almacén para facilitar los desplazamientos. El pasado mes de junio me quedé sin trabajo, me dijeron que se trataba de una reducción de plantilla. Decidí discernir con tranquilidad lo que podría hacer y qué tipo de trabajo buscar. Primeramente, pensé en trabajar con los ancianos debido a que esto tiene un sentido de servicio a los demás y a la Fraternidad (algunos de nuestros hermanos polacos empiezan a envejecer y otros ya lo son desde hace tiempo). Mi segunda idea fue volver a trabajar con los discapacitados mentales (tenía experiencia por haber trabajado con ellos antes de entrar en la Fraternidad).
Por medio de un conocido, tuve ocasión de visitar una comunidad del Arca en Varsovia y esto me confirmó que la relación y trato con los discapacitados es algo que me gusta y en lo que me gustaría comprometerme. Al día siguiente, después de mi estancia en el Arca, decidí ir a ver unas escuelas dedicadas al cuidado de niños con retraso mental, que conocía, para presentar mi solicitud. En una escuela, al entrar en recepción, vi a un hombre tomando café; lo miré, un poco desorientado. Me dijo que no era el secretario pero que era el marido de la directora y que estaba allí simplemente para hacerse un café. Cuando le expliqué la finalidad de mi visita, una voz misteriosa me interrumpió, llegando de detrás de una puerta entreabierta, era la directora que quería hablar conmigo. Así fue como me contrata- ron, veinte minutos después, como ayudante al servicio de un grupo de niños autistas. Quiero decir que me quedé verdaderamente perplejo, ya que desde hacía tiempo había pensado trabajar con personas autistas. Es lo que se podría llamar intuición femenina…
Trabajo en esta escuela desde el pasado septiembre. He ampliado mis conocimientos sobre los trastornos del mundo de los autistas y tengo a mi cargo siete; seis son chicos autistas que sufren un retraso intelectual y uno con el síndrome de Asperger.
Antes de terminar, quisiera dar las gracias a los hermanos que me ayudaron durante mi formación: Wojtek, Joji y Mirek. También me acuerdo de Gil con quien empecé el noviciado y que me ayudó mucho a adaptarme a la vida del África del este. Doy gracias a Dios por todo lo que vivís.
Estoy seguro que he sido bastante extenso para una primera carta. ¡Qué Dios os guíe por este camino de vida!

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